Una puesta de sol, un amanecer.
Ver y escuchar la lluvia caer apreciando el arrebol.
La luna llena al horizonte, los luceros en su titilar, la estrella fugaz desaparecer más allá del monte.
Una copa de vino compartida con una persona querida.
Caminar despreocupado, sosegado, sin ninguna premura, en medio de la natura.
Respirar profundamente el aire fresco del mar mientras hago silencio, medito, contemplo.
Ver, sentir y callar.
Dejándome completamente llevar.
Una cervecita bien fría, tranquilo y despreocupado, para aliviar el calor del crudo verano.
La soledad y quietud de un templo, donde parece el tiempo detenerse o es un simple un sutil soplo
Despertarme desnudo al lado de la persona que amo, contemplar su semblante mientras duerme, abrazarle sintiendo su corazón latir.
Dulcemente poder gemir.
La sensación de placer, de plenitud que produce el amar y ser amado.
Comprender y ser comprendido.
Escuchar y ser escuchado.
Admirar el vuelo del ave solitaria que planea libremente en medio del paisaje, desafiando las alturas con bravura y las corrientes de viento salvaje.
Compartir una conversación con el amigo, la amiga querida, sabiendo que su amistad permanecerá para siempre, más allá de su partida.
Despertar en la mañana sintiéndome sereno, en paz conmigo mismo, realizado y pleno.
Escuchar una música suave mientras escribo lo que siento, sea cual sea el sentimiento.
Dejarme llevar por la musa caprichosa, traviesa y generosa.
Sonreir con el viento enredando mi cabello, dejarme acariciar por sus manos invisibles, sintiendo el paz en ese instante.
Escuchar una canción que me transporta hasta ese lugar feliz, en que mis sueños ya no son sueños sino hermosas realidades.
El rumor del mar en mis oídos, susurrando despacito que, la distancia no es olvido.
La cerveza con limón, conversando sin reloj y riendo sin parar, con mi hija al lado.
Bailar al son de la música latina y dejar que mis pies sean alas, que me lleven sin pensar y mis manos el timón, que se deja guiar por el sabio capitán del navío.
Leer las letras, tristes, dulces, apasionadas de un poema donde un ser de luz ha vertido su alma.
Perderme entre hojas de papel y escribir aquello que mi corazón siente, sin temor a lo que me puedan decir, sin reglas y aún sin motivo aparente.
Que me llamen poetisa, quienes en verdad dejan plasmadas en sus letras, las perlas del sentir, del amor y de la vida.