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Compara las fotografias de Lenin y el zar Nicolás ll, cuales eran las diferencias entre estos dos lideres politicos?

Compara las fotografias de Lenin y el zar Nicolás ll, cuales eran las diferencias entre estos dos lideres politicos.

En resumen

Nicolás II no tuvo una educación esmerada y su padre Alejandro III, que lo consideraba un niño (también Rasputín), lo mantuvo por ese motivo permanentemente alejado de los asuntos de Estado.

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Nicolás II no tuvo una educación esmerada y su padre Alejandro III, que

lo consideraba un niño (también Rasputín), lo mantuvo por ese motivo

permanentemente alejado de los asuntos de Estado.

Nicolás fue una

persona dócil y esforzada que no mostró nunca especial interés por

problemas intelectuales ni tuvo gustos artísticos definidos.

Esa falta

de curiosidad se manifestó también en una concepción un tanto chovinista

de lo ruso que le jugó malas pasadas con relación a los méritos de

otros pueblos, especialmente en el caso de Japón, país ante el que Rusia

sufrió entre 1904 y 1905 derrotas aplastantes, que fueron directa

responsabilidad del zar.

La principal limitación de Nicolás II

consistió, no obstante, en que no tenía vocación para su oficio

imperial.

La política le agobiaba (único punto en el que de verdad se

parecía a Luis XVI de Francia) y ese sentimiento de carga bloqueaba la

intuición y la imaginación que tanta falta le hacían en las condiciones

de intenso cambio en que debió reinar.

Creyente sincero, la ausencia de

vocación lo llevó a adoptar una postura fatalista de sometimiento a la

voluntad de Dios como solución Carrère d'Encausse es autora de al menos dieciocho libros en los últimos

treinta y tres años, la mayoría de ellos dedicados a la historia de la

Rusia soviética y al análisis de sus últimos decenios.

Destaca en esta

obra su gran dominio del complicado asunto de las nacionalidades.

De la

lucidez de esta trayectoria investigadora da cuenta que la historiadora

francesa figure entre quienes pronosticaron la implosión de la URSS, en

lugar de considerarla anticipación del futuro luminoso de la humanidad

o, al menos, bastión inconmovible del progreso social.

Tan sólo una de

estas obras, La Gloire des nations (Fayard, 1990) ha sido traducida al

español (Rialp, 1991) y al catalán.

Pueden citarse, no obstante, otros

trabajos suyos inéditos en español también de gran interés como Lénine,

la révolution et le pouvoir (Flammarion, 1979), base de su biografía del

primer dictador comunista aparecida el año pasado y traducida ahora por

la editorial Espasa y, sobre todo, Le Malheur russe.

Essai sur le

meurtre politique (Fayard, 1988), un análisis del papel de la violencia y

del asesinato político a lo largo de la historia rusa.

Incluye un

perspicaz examen del papel de la monarquía en las principales

encrucijadas por las que atravesó Rusia, y el modo en que los avances

del principio de legalidad logrados a lo largo de la segunda mitad del

siglo xix se vinieron abajo ante el renovado maridaje de la violencia y

la política, ahora por iniciativa de los revolucionarios y su recurso al

terrorismo.

Un entrelazamiento que llegó al clímax y a lo patológico

con Lenin y Stalin.

Última y modo de encajar cuanto le

ocurría.