El territorio andino tenía potencial para la domesticación
de plantas y animales debido a la biodiversidad y riqueza de suelos.
Esa potencialidad data de los antiguos imperios de
Mesoamérica, que comenzaron a domesticar animales y plantas para el uso de las
comunidades, aumentando la cantidad de recursos que recibían.
La región andina brindaba una gran
variedad de cultivos en diversas formas y con objetivos distintos para la
alimentación humana ; las distintas especies, sobre todo la de granos, fomentaba la domesticación en el Perú para el crecimiento económico.