El centro ceremonial del Sol de la cultura muisca se encuentra en Villa de Leyva, Boyacá, Colombia.
La leyenda de Bochica cuenta que él era un anciano de piel y barba blancas, ojos azules y un manto que lo cubría hasta los pies.
Él le enseñó a los pobladores a convivir en paz entre ellos, además de oficios útiles para vivir como la agricultura y la fabricación de instrumentos de barro, a tejer el algodón y a construir casas.
Pero una terrible tormenta inundó la sabana donde vivían, y en ese tiempo Bochica estaba en el poblado de Sugamuxi, así que los habitantes desesperados fueron a buscarlo y pidieron su ayuda.
Bochica se retiró a una habitación y rezó a su dios, luego salió y señaló hacia el sur occidente de la sabana.
Allí se dirigieron en una peregrinación, hasta que Bochica, con su bastón, miró al cielo y tocó con el palo que usaba para apoyarse las rocas, las cuales se abrieron y dejaron pasar el agua, formando un hermoso salto que se convirtió en una catarata de más de 150 metros de altura : el "Salto del Tequendama".
Se dice que poco después el anciano desapareció por el arco iris, en el que se ve cuando una persona lo mira desde el Salto del Tequendama.