Las armas acompañan el proceso de desarrollo tecnológico del hombre desde la más remota antigüedad.
Toda civilización mecanicista desarrolló sistemas defensivos - ofensivos juntamente con los demás elementos propios de su tecnología particular.
Las primeras armas de la edad de piedra posiblemente tenían como función fundamental la caza y la defensa contra los animales peligrosos para el hombre.
De esa manera, el ingenio humano comenzó a inventar, a través de procesos perdidos en el tiempo, diversas armas que multiplicaban su fuerza y le permitían combatir a sus enemigos y conseguir comida.
En el período paleolítico aparecieron las hachas, puntas de lanzas, arpones y otros elementos de piedra tallada, de hueso o madera.
En el neolítico se perfeccionaron las armas con el pulido de la piedra y un refinamiento en los distintos usos.
También se inventó el arco y la flecha, muy rudimentarios y de poco poder, pero que incrementaron notablemente el alcance del cazador.
Pasaron miles de años y el hombre descubrió la agricultura y de esa manera pudo establecerse en lugares fijos.
Los asentamientos humanos crecieron alrededor de las tierras de cultivo y nacieron las ciudades y las civilizaciones primitivas.
En ese período también se descubrieron los metales como elementos para la fabricación de ustensillos de labranza y armas.