David no es el que luchó contra Goliat, sino Dios.
David lo único que hizo fue identificarse con el poder de Dios, ser un
instrumento de Dios.
La fuerza, la astucia y la victoria ocurrieron
porque David dejó de ser David para ser un canal entre Dios y el
enemigo.
La historia entre David y Goliat es la historia entre el que tiene miedo
al apartarse de Dios y el que deja de ser él mismo para pasar a dar
paso en su vida a Dios.
Entonces cuando Dios toma el timón, David ya no es David, ya no es un
ser pequeño, ya no es el que tiembla delante de los peligros y de la
poca fe.
David crece.
Se vuelve un gigante espiritual, porque el
espíritu que mora en él ya es el espíritu infinito.
Y delante del espíritu eterno, vivo y poderoso, cualquier gigante es solo una mota de polvo.
David sabe que puede vencer con cualquier cosa, ya que no es él el que
está peleando psicológicamente contra el gigante del miedo y del
desánimo, sino que tiene en su mano el arma poderosa que le dará la
victoria siempre.
Esta mano está repleta de fe y esperanza, de entrega y
de confianza en su Dios.